Se acercaba la hora del encuentro con mi chica y ya estaba listo para ello. El plan estaba pensado ya desde hace dos días y yo repasaba paso a paso lo que debía hacer. Partí rumbo al lugar de encuentro y llegué a la hora en que acordamos (una costumbre, que más que costumbre se ha vuelto manía) y como en todo encuentro con ella tuve que esperarla unos minutos más.
Al llegar, Gabriela estaba linda como siempre, me lanzó una mirada pícara y mientras sus dedos jugaban con su cabello preguntó: ¿y a ti que te dio por salir hoy?, ¿no quedamos en que no saldríamos nunca en esta fecha?
La tomé por la cintura, le hice unos cariños y dije: Tengo mis razones, además entre estar en casa aburriéndome con los programas basura de los sábados en la noche, y pasar toda la noche de hoy contigo es más que obvio que prefiero lo segundo. Y para añadir algo ya tengo planeado una velada que ambos podamos disfrutar, y disfrutaremos lo prometo.- Y la bese como la primera vez que nos besamos. Torpemente sensual.
Luego de una obra de teatro y unos tragos en nuestro bar favorito, partimos rumbo a donde por fin podríamos liberar toda la pasión que llevábamos internamente y consumar totalmente nuestro amor. La habitación, que ya había sido separada desde hace unos días, era amplia y con el toque de armonía que esperaba encontrar. Entramos a la habitación. Mi chica dejo su cartera en una silla y se dirigió al baño, seguramente a retocarse más pese a que para mí ya estaba guapísima. Yo tan sólo opte por echarme en la cama pensar en las cosas que vendrán luego de esto.
Ella salió y se hecho en mí, nos quedamos mirándonos fijamente un rato y luego apoyó su cabeza en mi pecho.
De un momento a otro empezamos a besarnos lenta y cariñosamente y luego acelerábamos a medida que el tiempo avanzaba y la ropa iba quedando de lado una a una hasta que nuestras pieles se juntaron. Yo la besaba toda deteniéndome un poco más en sus senos. Siempre me gustaron sus pechos, lo blandos que eran y lo bien formados que estaban. Mis manos los presionaban con delicadeza mientras ella se contorneaba sobre mí logrando una penetración perfecta.
El sol de verano empezaba a asomarse y caía en nuestros rostros. Yo me desperté casi al instante y empecé a vestirme. Me acerque a Gabriela por su lado de la cama, le di un beso en la cabeza, acomode su cabello y le dije: Bueno, creo que nuestra historia termina aquí.
Ella me miró con cara de confusión. –De que hablas- Preguntó.
-Lo de anoche fue la despedida. Quería que ambos quedáramos con un lindo recuerdo de lo que tuvimos y espero que en tu caso haya funcionado, pues yo de verdad la pase muy bien.
-Pero, ¿Por qué así, tan repentinamente?
-El martes te vi con Daniel. Los vi besarse. –Por la expresión que puso, supuse que no lo negaría, por lo que continué.- Sabía en lo que me metía si empezaba una relación contigo. Total ya te conocí así desde un principio, y pese a que me dijiste que te habías enamorado de mí y que no pasaría eso si empezábamos algo, siempre me quedó el temor.
Pero no te preocupes. Rencor no hay. Quizá algo de tristeza pues hubiese preferido que terminaras con migo y vuelvas a tu vida de antes, a que retomes esa opción a mis espaldas. Pero, en fin. Aun te guardo un gran cariño y espero que volvamos a ser tan sólo los amigos de antes.
Además, hoy 15 de febrero cumple ya veinte años, así que es un buen momento para volver a empezar desde cero, ¿no lo crees?
Le sonreí, le di un beso más en la frente. Ella me tomo de la mano, se levantó de la cama, me dió un beso en la boca. Dijo: Feliz cumpleaños. Le volví a sonreir y me retiré mientras que en mi Mp3 sonaba una de mis canciones favoritas de “La liga del Sueño”
“… que corazones destrozare, que mentiras debo sostener…”
