viernes, 27 de marzo de 2009

llanto de un periodista

Me llamo Ricardo Estrada. Tengo treinta y siete años de edad, trece de los cuales las eh pasado registrando a través de mi cámara fotográfica: asesinatos, atropellos, suicidios, y distintos hechos vinculados a estos temas. Pues eso es lo que conlleva el ser fotógrafo de la sección de policiales de una de las cadenas de periódicos de más circulación en el país. El trabajo no es tan sencillo como muchos creen. Es decir, la mayoría piensa que tan solo se va, se toman las fotos y listo, pero no. Nuestra labor consiste en sacar la imagen que cause más impacto y si eso no se consigue en la misma escena pues el otro recurso es hablar con algún familiar de la victima, trabajarlo emocionalmente, hacer que llore, que se sienta impotente, y en ese momento captura esa sensación a través del lente. Suena cruel y deshumano, si, pero, acéptenlo, todas las personas en el fondo, eh inconscientemente, buscan este tipo de imágenes entre las hojas de los diarios.

Hoy es uno más de esos días, recorro junto al reportero de la nota y al chofer del auto las calles de Lima. El chofer un viejo que trabaja para el diario desde hace años. El reportero. Su nombre es Gustavo. Un chico de veintiocho años. Entro como practicante hace cinco años y luego de un tiempo se ganó la confianza como para poder actuar individualmente y con quien poco a poco nos hemos vuelto buenos compañeros, la pasamos bien conversando durante los viajes en el auto. Una vez llegados al lugar del hecho, cada uno sabe cual es su función. El reportero va con los oficiales para recoger los datos de mayor relevancia, mientras que yo me escabullo para acercarme al cadáver mover los periódicos o el plástico que lo cubran para poder tomar la imagen de mayor impacto. Luego ambos nos encontramos con la familia de la víctima y, mientras el los trabaja emocionalmente, yo captura cada uno de sus gestos, las primeras lágrimas, y si tenemos algo de suerte alguno se desmallará.

(Llamada telefónica)

-Aló,…si… y ¿dónde es esto?... aja,… oh, ya veo,… entiendo… Ok, estamos en camino.

Al parecer hoy cambiará un poco la rutina habitual.

-¿Era el jefe? – preguntó Gustavo.

-Pues sí. Choque múltiple en la av. Javier Prado. Tres muertos esta vez.

-Ja, al parecer hoy tendremos más trabajo.

Diez minutos luego de recibida la llamada llegamos a la escena del choque. Los bomberos aun estaban cortando los fierros de las combis que habían colapsado para poder retirar los cuerpos y salvar a algunos sobrevivientes. Disparo unos flashes rápidos a estas escenas a la espera de que ocurra lo que esta previsto se convertiría en primera plana del diario al día siguiente. Gustavo se acerca hacia donde se encuentran los oficiales para enterarse de los nombres de los fallecidos y en esta ocasión voy tras el. El oficial da los nombres y el momento esperado llega. Gustavo se queda paralizado unos segundos y luego corre hasta donde están los cuerpos de los fallecidos en el accidente. Destapa el cuerpo de uno de ellos y, en ese instante, rompe en llanto. El cuerpo de su hermano mayor yace inerte sobre el pavimento.

Las imágenes son el sueño de todo fotógrafo de policiales, así que es el momento de cumplir con mi trabajo.

La portada del día siguiente del diario se titula “llanto de un periodista”. La imagen: una donde Gustavo, manchado por la sangre de su hermano, se aferraba al cuerpo de éste, mientras dos bomberos trataban de alejarlo para calmarlo. Al interior del diario hay un extenso artículo donde se relata una crónica sobre el hecho y dando el más sentido pésame “a uno de nuestros más leales colaboradores” (citando un fragmento de un párrafo del artículo), pero obviamente no fue sólo un pésame. Fue una estrategia bien pensada por el director del diario desde el momento en que recibí la llamada, las indicaciones ya estaban dadas y este era el propósito final.

Luego de esto a Gustavo no se le vio por el diario. Lo último que supe de el fue que entro en un diario pequeño y ahora cumple pequeños recados para este.

¿Yo? Por lo pronto sigo en el diario con la misma función. Ahora al lado de un nuevo practicante a quien aun se le esta enseñando todas las mañas de este oficio. ¿Si me sentí mal por hacer eso a mi ex compañero? Pues… la verdad no.

viernes, 13 de marzo de 2009

final bajo el puente

Allá por los años 30, un hecho nunca antes visto en las calles de la Lima de entonces horripiló a los ciudadanos.

Al hotel Comercio, ubicado en la esquina del Jirón Carabaya con el Jirón Ancash (al lado de palacio de gobierno), habían llegado dos españoles Marcelo Ortiz y Sergio Gallegos, prósperos empresarios de aquel entonces que habían llegado a Lima en busca de pasar una temporada de excesos entre alcohol, drogas y prostitutas; disfrutando de las ganancias obtenidas por sus empresas. Tentados, además, por una por un posible negocio en la Lima de antaño que, para los empresarios españoles, se había convertido en toda una mina de oro.

El lugar escogido para pasar su temporada por Lima no podía haber sido mejor. El centro agrupaba a los empresarios de mayor éxito. Nobles paseaban por el Jirón de la Unión y las dos plazas que este une, eran los mejores contactos que podían hacer para incrementar, aun más, sus, ya de por si, abundantes bolsillos. También era un punto estratégico para disfrutar en grande pues aquí se agrupaban los mejores bares, puntos para encontrar a las mejores damas de compañía limeñas, que estaban listas para abalanzarse sobre sus gordas billeteras, ofreciendo a cambio su bella presencia y sus más exquisitos sabores.

Partieron, entonces, a recorrer cada una de las calles. Entraron a bares. Se hacían amigos de los señorones que frecuentaban los locales. Tomaban unos tragos. Cerraban algún trato y se iban. Por las noches frecuentaban los burdeles más prestigiosos de la ciudad, pagando altas sumas de dinero por la compañía de las más lindas chicas que laboraban en dichos lugares. Y, bueno su vida se había convertido en eso. Conversaciones y tratos con otros empresarios de día. Alcohol, drogas y putas en las noches, durante las cuales se producían los más grandes despilfarros de dinero. Pero, bueno, el dinero no era problema para ellos. Las empresas que manejaban les daban la suficiente solvencia como para no tener que preocuparse por lo que gastaban. Pero la ambición por querer obtener más y más es mayor que todo y eso les hace salir a buscar potenciales empresarios con los cuales cerrar nuevos tratos que les permitan obtener más ganancias y incrementar su ya, de por sí, abultada cuenta, y también esta ambición fue la causal de la ruptura de la amistad. De hecho la ambición se había estado apoderando de Sergio desde hace mucho antes de llegar a Lima, y ya había empezado a mover las fichas para quitar a su amigo y socio toda potestad sobre los bienes que ambos administraban para que el pueda quedar legalmente con todo lo que poseían y acusarle de malversación de fondos, llevándolo con esto tras rejas para siempre.

Paradójicamente, Marcelo, esa noche, le propuso celebrar por sus grandes éxitos dejando las putas y drogas de lado por esa noche, y simplemente emborracharse y conversar en el bar que se ubicaba debajo del hotel. El bar “Cordano”.

Bar visitado por empresarios y políticos, que no estaba preparado para los hechos que sucederían esa noche. Pero ni el bar “Cordano” ni el hotel “Comercio” estaban preparados para los hechos que acontecerían esa noche.

Marcelo y Sergio bajaron al bar y empezaron con lo que se convertirían en rondas y rondas entre piscos y cigarrillos, conversando de sus inicios, anécdotas y vanagloriándose de los éxitos conseguidos y burlándose de los otros empresarios que habían dejado en ruinas al abrirse camino en sus negocios, esos empresarios que ellos solamente veían como estorbos. Estorbo, en ese momento eso es lo que era Marcelo para Sergio, un estorbo más, el cual era cuestión de tiempo para que todas las empresas quedaran en su posesión y Sergio quede en prisión gracias a sus artimañas.

Eran las tres de la mañana y el local ya cerraba sus puertas. Los dos subieron a sus respectivas habitaciones. A la hora de esto Sergio despertó. Escucho un ruido por los pasadizos del hotel. Se levanto de su cama, abrió la puerta y vio el pasadizo completamente vacio. Regreso a su cama. Un rato después alguien golpeo a su puerta.

-Sergio, ¿estas despierto? –preguntó Marcelo tras la puerta.

-Pasa la puerta está abierta. ¿Qué quieres?, son casi las cinco de la mañana.

-Tenía que hablar contigo sobre algo. Eh estado pensando y creo que sería buena idea
separarnos y empezar a caminar por nuestro lado. Cada uno con nuestras propias ganancias y aventurarnos en nuevos negocios individualmente.

-De hecho, yo también eh estado pensando en lo mismo...

Mientras decía esto, Sergio levantó los ojos y vio como un hacha se dirigía hacia su cráneo.

-Pero luego pensé, ¿y porqué dividir los bienes si puedo tenerlo todo? –dijo Marcelo, mientras hundía una y otra vez el hacha en la cabeza de su compañero- de hecho yo eh hecho más para sacar a flote todos los negocios, tu sólo fuiste un costal con el que tenia que cargar por “amistad”. Pero sabes ya me canse de todo.

Luego de varios golpes con el hacha secciono en partes a Sergio, las metió dentro de un costal. Como aun era temprano y las calles de Lima estaban vacías y la densa neblina daba el camuflaje perfecto, Marcelo corrió por las calles llevando el costal los restos de su amigo. Paso por las barras que separaban al río Rímac, caminó hasta la orilla y arrojó los restos de su amigo. Marcelo calló sentado a las orillas y empezó a reír.

Años después un viejo que frecuentaba el bar “Cordano” contaba la historia de los dos empresarios españoles, que un día llegaron a Lima en busca de placer y mayor éxito en negocios pero una mañana aparecieron muertos. Uno a las orillas del Rímac, muerto de un balazo. Las investigaciones de la policía indican suicidio. El otro, varios metros más allá, enredado entre los arbustos dentro de un costal. Asesinado y cortado en partes. Y cerraba la historia diciendo que por fin Lima podía jactarse de “esos crímenes horripilantes y sabios que son moneda corriente en Londres, Nueva York, Berlín o Chicago”.

PD: Cuento inspirado en el asesinato real de Marcelino Domínguez a manos de su socio Genaro Ortiz. Mencionado en el libro de Rafo León. “Lima Bizarra”

lunes, 23 de febrero de 2009

y otros cuentos...

El jardín del Edén fue el lugar más perfecto que existió alguna vez en la tierra y dejo de ser perfecto cuando a Dios se le ocurrió crear al hombre. Desde ese momento Dios también lo sintió, no era seguro fiarse de el hombre y por eso en un lugar secreto, muy alejado de donde habitaban Adán y Eva, construyó un lugar único, un bosque, hecho para que sea el más perfecto sobre la tierra y nadie pueda ninguna persona pueda encontrarla nunca.

En este lugar secreto habitaban todos los seres (excepto los humanos obviamente) libremente y de todo el lugar la reina era la felicidad quien paseaba por todos los rincones del lugar ofreciendo sus dones a todos, y todo era armonía en dicho bosque.

Pero un día, porque siempre llega “el día” en los cuentos, una visita inesperada llegó desde fuera del bosque. No se traba de algún humano, pues Dios había tomado todas las precauciones para que ellos no lo encuentren. Pero desde que Ellos (nosotros) fueron (fuimos) condenados, desde ese momento la muerte fue creada. Y esta muerte empezó a vagar por todos los rincones de la tierra hasta que llegó al bosque secreto. Se sorprendió al ver un lugar único sobre la faz de la tierra, un lugar libre de todo mal. Pero la muerte tenía una misión, cumplir el ciclo de la vida con el fin de la misma. Se internó dentro del bosque pasando desapercibida para todos.

Al día siguiente, la felicidad paseaba de mañana por el bosque en sus caminatas habituales, cuando diviso a lo lejos un tumulto de animales agrupados. La felicidad se acerco y observo una escena nunca antes vista por el bosque. El señor castor estaba tendido en el suelo muerto. Nadie sabía como reaccionar. Nadie sabía que estaba pasando, ni que significaba eso. No reaccionaban, tan sólo permanecían de pie frente al cuerpo del castor.

AL final todos se dispersaron y la felicidad (también con el rostro desencajado) se llevo el cuerpo sin vida del castor y no se la vio durante algunos días. Pero durante esos días se conoció a alguien nuevo a parte de la muerte en el bosque, pues de ojos del hijo castor cayó una lágrima, y de esa lágrima nació la tristeza.

Cuando la felicidad volvió se encontró con que la tristeza se había esparcido rápidamente y ahora oscurecía la luz que siempre había estado presente en el bosque. Durante algún tiempo la felicidad y la tristeza convivieron en el bosque, de alguna forma, en equilibrio. Pero (nuevamente) un día, por que siempre llega “el día” en los cuentos, una mancha apareció en medio del bosque y la felicidad, inquieta desde la llegada de la tristeza, advirtió a todos de no acercarse a la mancha, evitarla bajo toda circunstancia.

Pero alguien ignoró estas indicaciones y con una rama hincó, curiosamente, la mancha y de esta brotaron la ira, los celos, la ambición y una infinidad de males que se empezaron a regar por todo el bosque. La felicidad sentía que perdía terreno rápidamente y los males terminaron de oscurecer el bosque completamente.

La felicidad, al ver esto, tomo una decisión. Se marcho del bosque decidida ha evitar que pase con la tierra lo mismo que pasó en el bosque y repartiendo sus virtudes a todo aquel ser que los necesitara.

PD1: No soy muy creyente de Dios, o por lo menos no del que pinta la iglesia, pero si creo al humano a su imagen y semejanza… Dios también la puede cagar ¿no?

PD2: La frase “porque siempre llega “el día” en los cuentos” es en honor a Francois Valleys cuentista que hace poco acabo de descubrir. Y altamente recomendable.
PD del PD2: Siempre me pareció que eso de “en honor” era un eufemismo para evitar decir me copié. Lo sostengo.

viernes, 13 de febrero de 2009

El último 14

Se acercaba la hora del encuentro con mi chica y ya estaba listo para ello. El plan estaba pensado ya desde hace dos días y yo repasaba paso a paso lo que debía hacer. Partí rumbo al lugar de encuentro y llegué a la hora en que acordamos (una costumbre, que más que costumbre se ha vuelto manía) y como en todo encuentro con ella tuve que esperarla unos minutos más.

Al llegar, Gabriela estaba linda como siempre, me lanzó una mirada pícara y mientras sus dedos jugaban con su cabello preguntó: ¿y a ti que te dio por salir hoy?, ¿no quedamos en que no saldríamos nunca en esta fecha?

La tomé por la cintura, le hice unos cariños y dije: Tengo mis razones, además entre estar en casa aburriéndome con los programas basura de los sábados en la noche, y pasar toda la noche de hoy contigo es más que obvio que prefiero lo segundo. Y para añadir algo ya tengo planeado una velada que ambos podamos disfrutar, y disfrutaremos lo prometo.- Y la bese como la primera vez que nos besamos. Torpemente sensual.

Luego de una obra de teatro y unos tragos en nuestro bar favorito, partimos rumbo a donde por fin podríamos liberar toda la pasión que llevábamos internamente y consumar totalmente nuestro amor. La habitación, que ya había sido separada desde hace unos días, era amplia y con el toque de armonía que esperaba encontrar. Entramos a la habitación. Mi chica dejo su cartera en una silla y se dirigió al baño, seguramente a retocarse más pese a que para mí ya estaba guapísima. Yo tan sólo opte por echarme en la cama pensar en las cosas que vendrán luego de esto.

Ella salió y se hecho en mí, nos quedamos mirándonos fijamente un rato y luego apoyó su cabeza en mi pecho.

De un momento a otro empezamos a besarnos lenta y cariñosamente y luego acelerábamos a medida que el tiempo avanzaba y la ropa iba quedando de lado una a una hasta que nuestras pieles se juntaron. Yo la besaba toda deteniéndome un poco más en sus senos. Siempre me gustaron sus pechos, lo blandos que eran y lo bien formados que estaban. Mis manos los presionaban con delicadeza mientras ella se contorneaba sobre mí logrando una penetración perfecta.

El sol de verano empezaba a asomarse y caía en nuestros rostros. Yo me desperté casi al instante y empecé a vestirme. Me acerque a Gabriela por su lado de la cama, le di un beso en la cabeza, acomode su cabello y le dije: Bueno, creo que nuestra historia termina aquí.
Ella me miró con cara de confusión. –De que hablas- Preguntó.

-Lo de anoche fue la despedida. Quería que ambos quedáramos con un lindo recuerdo de lo que tuvimos y espero que en tu caso haya funcionado, pues yo de verdad la pase muy bien.

-Pero, ¿Por qué así, tan repentinamente?

-El martes te vi con Daniel. Los vi besarse. –Por la expresión que puso, supuse que no lo negaría, por lo que continué.- Sabía en lo que me metía si empezaba una relación contigo. Total ya te conocí así desde un principio, y pese a que me dijiste que te habías enamorado de mí y que no pasaría eso si empezábamos algo, siempre me quedó el temor.

Pero no te preocupes. Rencor no hay. Quizá algo de tristeza pues hubiese preferido que terminaras con migo y vuelvas a tu vida de antes, a que retomes esa opción a mis espaldas. Pero, en fin. Aun te guardo un gran cariño y espero que volvamos a ser tan sólo los amigos de antes.

Además, hoy 15 de febrero cumple ya veinte años, así que es un buen momento para volver a empezar desde cero, ¿no lo crees?

Le sonreí, le di un beso más en la frente. Ella me tomo de la mano, se levantó de la cama, me dió un beso en la boca. Dijo: Feliz cumpleaños. Le volví a sonreir y me retiré mientras que en mi Mp3 sonaba una de mis canciones favoritas de “La liga del Sueño”

“… que corazones destrozare, que mentiras debo sostener…”

viernes, 30 de enero de 2009

Conversación en el bus.

Día cansado luego de una entrevista de trabajo que, luego me enteraría, no serviría de nada. Me encontraba de pie en el paradero esperando, ya por más de diez minutos, al bus que me regresara a casa. Espera que, como ya es habitual por estos días, se convierte eterna por los trabajos en las calles que realiza la municipalidad. Las cuales habrá que aguantar por algún tiempo más esperando que los resultados sean satisfactorios.

Unos minutos más y por fin, a lo lejos, la silueta roja y el número cinco en la esquina superior derecha de “El Rápido” bus al cual esperaba se divisaba sacándome un suspiro de alivio.

Los asientos estaban totalmente copados, por lo que no me quedo otra cosa que ir de pie mientras esperaba, con la ilusión que tiene un niño antes de abrir su regalo de navidad, que alguno de los usuarios de aquel transporte llegara pronto a su paradero y desocupase alguno de los asientos para poder por fin reposar mi cuerdo agotado por el incandescente calor que nos acompaña por esta temporada a los que habitamos esta parte del globo terráqueo.

Siempre me han parecido raras (y extremadamente heroicas) las personas que lo gran dormirse de pie en situaciones similares por las que yo paso ahora, sin embargo ahora ya los entiendo, en este momento el sueño era insoportable, podría cerrar los ojos en cualquier momento y empezar con algún sueño (de esos confusos que suelo tener) sin darme cuenta y de un momento a otro. Para evitar la vergüenza que me generaría esto trato de distraerme observando por la ventana, observo de principio a fin el interior del auto e incluso presto atención a las palabras de uno de estos vendedores de caramelos que suben a los carros, que finalmente baja maldiciendo su suerte de no haber vendido un solo caramelo y mentando la madre a no se que persona, corroborando con esto que aquello de que tenía una hija enferma y demás historia gastada era una falsedad para capturar la bondad de algún incauto.

Me encontraba sumergido en estos pensamientos cuando una imagen curiosa apareció en mi mente. Me parecía un recuerdo fresco. El rostro de un tipo con gestos marcados y expresión algo dura se dibujaba en mi mente y esto me hizo retroceder instintivamente a los asientos posteriores del bus. Ahí, sentado junto a la ventana se encontraba aquella persona que había aparecido repentinamente en mi mente. Me miro e hizo un ademán de saludo con la cabeza Me acerqué hasta él y me senté en el asiento de al lado que (no me había dado cuenta antes) se encontraba libre.

- Hola –dije-disculpa, ¿te conozco de algún lado? Creo a verte visto antes.

- Es probable -contestó- pero de eso hace mucho tiempo.

- Pero es bastante raro, siento como si hubiésemos sido muy cercanos y a los buenos amigos me resulta difícil olvidar.

- ¿Y quien dijo que yo fui tu amigo? En el pasado tú fuiste yo.

- ¿Eh?, ¿de que estas hablando?

- ¿Has soñado algunas veces que estabas inmerso en una guerra? –Preguntó- , y más aun, ¿has sentido que, cada vez que matabas, te sentías bien? – Y, mientras preguntaba, formaba una sonrisa algo macabra y me lanzaba una mirada penetrante.

Me puse a pensar y recordé aquellas escenas de lucha contra desconocidos de las cuales, con un valor improbable en mí, salía victorioso. Recordé haber regodeado en al lado de los centenares de cadáveres, que luego de cada batalla, eran amontonados y quemados por mí y los de más miembros del ejercito al cual supuestamente pertenecía. Estos sueños son recurrentes, y siempre me dejan en la duda de porque los tengo si yo, cobarde como soy, siempre eh evitado las peleas desde muy pequeño.

- Pero, ¿tú como sabes eso?

-Ya te lo eh dicho. Yo fui tú, y tú en algún tiempo pasado, fuiste yo. Mira por la ventana. ¿Lo recuerdas?

Tras la ventana ya no se veían las calles de Lima, en vez de eso ahora el paisaje era el de una ciudad destruida, construcciones probablemente del siglo XV o XVI ahora sumergidas en una total fatalidad. Empecé a sentir nauseas al ver a los alrededores personas desangrando, algunos mutilados por efectos de alguna explosión.

- ¿Dónde estamos? –Pregunté casi sin poder respirar - ¿que es este lugar?

- Lo que de verdad te deberías preguntar es ¿cuándo estamos?

- …

- Estamos en el año 1945. Segunda guerra mundial. Nos dirigimos a nuestro próximo enfrentamiento sonde podremos, una vez más, disfrutar al seguir matando a esos mierdas que osan encararnos.

- ¿De qué hablas?, probablemente a ti te guste toda esa crueldad pero…

- … ¡Pero nada! –Interrumpió abruptamente- ya te lo eh dicho una y otra vez tu fuiste yo. Yo soy tu vida antes que reencarnaras en el cobarde tipo que eres ahora. ¿Ya no lo recuerdas?, disfrutábamos matando y torturando al enemigo, regodeándonos al lado de su cadáver, siguiéndonos burlando de aquellas a los que habíamos asesinado por medio de disparos o por un certero cuchillazo en el cuello que era la sensación más deliciosa ya que podíamos sentir el cuchillo perforando lentamente hasta ser hundido completamente, y viendo a nuestro contrincante desangrarse poco a poco.

- ¡Ya cállate!, ¿que mierda es eso que dices? Eso no es cierto, y lo sabes. Yo jamás disfrutaría de aquello que hablas.

- Todo lo que digo es verdad y lo sabes. Los sueños no son simples alucinaciones de tu sub-consiente, también hacen que recuerdes tus vidas pasadas. Muy en el fondo aun eres un maldito sádico.

Sin poder contenerme me abalance sobre mi antiguo yo, dándole golpe tras golpe y bañando, así, mis manos de sangre, y viendo la sonrisa de de este tipo al que tenía en frente como diciéndome: “Lo ves, este eres tu. Es tu gozo por ver sangre. Es tu violencia interna.”

- Esto era lo que necesitabas dijo –dijo- mi misión esta cumplida. Ahora es momento de que bajes del bus.

Mis ojos se abrieron de golpe y reconocí las calles del centro de Lima por las que ahora pasaba, me levante un poco del asiento recorriendo el bus con la mirada, en busca de ese rostro de mi sueño. Llegué al paradero. En el camino choqué con un tipo el que me miró mal. Me disculpe, y seguí mi camino como el tipo tímido que soy.

martes, 6 de enero de 2009

yo, señora

Apenas empezado el año y con bastaaaaaaaaaaante tiempo libre se me ha dado por ver diversas series de las que siempre escuchaba hablar pero nunca enganchaba el horario o simplemente se me olvidaban y las pasaba por alto. Dos series son mis predilectas y siempre las veo. House: cuenta la vida de un amargado doctor cuyas dos especialidades son diagnosticar los casos más raros y desconfiar abiertamente de la gente, pero su genialidad en la medicina lo vuelven necesario razón por la cual nunca es despedido de su trabajo pese a ser adicto al vicodin (droga medica que ayuda a clamar el dolor). Héroes: Que relata las aventuras de diversos personajes que obtienen poderes a través de un virus y (como en toda historia estadounidense) deben salva a la tierra de fuerzas malignas.

Pero ahora estoy empezando a ver nuevas series, ya son el caso de friends (cuyos capítulos sólo veía muy rara vez), nip/tuck buenísima desnudando a las personas y mostrándolas en su más inmunda miseria emocional, Terminator: las crómicas de Sara Connor (que recién estoy empezando a ver) y algunas más, a parte claro de mi ya conocido gusto por los animes.
Pero, incluso un poco antes de año nuevo, un disco traído a casa por mi hermano me llamó la atención. El titulo: “escalera al cielo”.

Tele llorona coreana que realmente engancha así no se tenga una cultura habida de ver este tipo de programación. Capítulo a capítulo la personajes de la historia iban tomando diferentes camino y poco a poco las horas que tomaba diariamente para terminar de ver la novela iban aumentando. Sin darme cuenta mi hermano (que aun no había terminado de verla) empezó a tomar su lugar en la sala y, a punta de jugos de fruta y galletas saladas (que son las que me encantan), empezamos las maratónicas sesiones de “escalera al cielo” bien capitulo a capitulo tan sólo deteniéndonos a comer y ayudar con algunas cosas en la casa, que además contribuían a sentirme todo una vieja de rulos y con delantal puesto

Pero ya la novela termino, y por cierto en buena semana pues vuelven los nuevos capítulos de Héroes y Doctor House (anteriormente mencionadas) así que seguiré formando mi figura en el sillón de la sala, acompañados además de algunos libros que (definitivamente) nunca están de más.

PD: si alguien sabe donde puedo conseguir las series “Joan of Arcadia” y/o “Odisea 5” avíseme porfa xD
 


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