viernes, 29 de julio de 2011

Si, aun recuerdo

PROLOGO:

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Yo recuerdo, si recuerdo. ¿Ya tiempo no? Recuerdo por ejemplo que… que… que nos veíamos y, sin decir palabra alguna, era imposible parar de reír. Recuerdo que tarareabas esa canción ¿cómo era? Nana nana nanana na nana nananana… ¿algo así verdad?... ahora que lo recuerdo debo confesarte que me empinchaba un poco esa cancioncita, pero luego le agarre cariño, no se, quizá fue por que me recordaba a ti de tanto que la cantabas.

Recuerdo también… no ya no voy a profundizar. Si. Recuerdo un montón de cosas que… si, me hacen sentir bien ¿sabes? Peor ya es momento de dejar pasar también creo yo. No se, eso de aferrarse demasiado a las cosas, como que resulta un poco peligroso… triste. Si, creo que triste define mejor la sensación esa. Así que eh estado pensando que es momento de reprimir todo eso y guardarlo en algún lugar recóndito de mis sentimientos en donde, si es que es necesario pueda recuperarlos, pero que a la vez no se aparezcan cuando se les venga en gana y me hagan divagar entre estados emocionales.

No, no. De hecho a ti siempre te voy a querer o sea es, es tonto, el… pensar si quiera en la idea de dejar de quererte. Eres alguien súper especial, una persona maravillosa y muy, importante dentro de mi vida. Si, para que ocultar, eso es un hecho y, así trate de buscar la más mínima situación para tenerte un poquito de rencor, todos los momentos de puta madre que hemos tenido van a opacarlo totalmente.

Y sabes que, y permíteme terminar se que estoy hablando un montón y prácticamente no te dejo hablar, pero con esto cierro te lo prometo. Eh…, perdón, ja, se me fue lo que iba… a, si. Voy a hacer todo, todo lo posible por recuperar eso, esa cosa, esa… Esa amistad tan bonita que solía haber entre nosotros. Eso. Si, eso.


ACTO I

Si, eso. Eso es lo que le diré ahora que la vea


ACTO II

Hola. Oye… ¿que pela vemos?


EPILOGO

La puta madre, por que carajo no puedo decirle las cosas que quiero. “Que, ¿qué pela vemos?”, que “¿cómo has estado?, que webadita y media … por lo menos, por lo menos ahí vamos. Aun estamos el uno para el otro, eso es bueno…

¿Dónde esta mi celular?

SMS: “fue 1 bonito día oi solo keria decirt 1ultima cosa, q siempr voy star aki :)”

martes, 29 de marzo de 2011

Dentista

Era un día de verano hermoso; pero en casa, un niño despertaba quejumbroso. Era el pequeño niño Diego; al que todos conocían, por ser un niño bueno.

“Mamá, mamá” grito por el pasillo; y mamá se pregunto “¿porqué hará tanto ruido?”

Lo que sucedía era que el pequeño sufría; por un fuerte dolor en las encías. Su madre, tomando su mano; lo conduce de inmediato al auto. “Te voy a llevar al dentista” le dice; y provoca en él, que los pelos se le ericen.

Camino a la clínica la madre sintió, que en el pequeño un temor surgió. “No temas”, le dijo con calma; “eso que dicen de los dentistas son puras patrañas”.

Entraron al consultorio y esperaron sentados; mientras niños temblorosos salían asustados. Cada uno con ojos llorosos y una mano en la mejilla; y Diego por cada niño que salía se aferraba más a su silla.

El reloj avanzaba y Diego presentía lo que le esperaba.

“Niño Diego”, llamó la enfermera; “el doctor ya lo espera.

Mamá le da una palmadita y le hace un gesto de ánimo; Diego avanza lento, le van temblando las manos. El doctor le da la bienvenida; y lo sienta en una cómoda silla. “No esta tan mal”, piensa Diego; hasta que ve sobre una mesa un platillo. El platillo tenía: bisturís, taladro, tijeras, alicates; “el doctor de verdad quiere torturarme”.

El dentista se acerco sigiloso, y le susurra muy lentamente.

-“¿Me temes pequeño?..., ¿te causo mucho miedo?; no te culpo por eso, ya me acostumbre a generar ese sentimiento. Soy el terror de muchos niños, y de algunos adultos también...

-Y ¿no le incomoda eso?

-¿Incomodarme porqué?, ¿cuándo alguien se ha incomodado por poder?, porque eso es lo que es, ¡poder! Tener a todos a tu merced; de dolor hacerlos retorcer…

Mientras el señor narraba su dicha, los ojos de Diego brillaban cual chispa; estaban generando una admiración grande; que jamás había sentido por nada ni nadie.

Al salir del cuarto Diego tenía el semblante cambiado; en sus ojos se se le notaba incluso algo alterado. Una sonrisa tímida y tenebrosa se dibujaba en su cara; demostrando así una inocencia extraviada.

-¿Cómo te fue?- le pregunta su madre

-Muy bien. Es más, ya se que quiero ser de grande.

lunes, 17 de enero de 2011

carta 3

Querido yo:

¿Ya cuántos vas?, ¿5 años quizás? Lo siento, me es difícil calcular como pasa el tiempo con tanto caos existencial en mí (si aun). Pero quiero dejar eso por un momento a un lado. ¿Sabes porqué? Porque al fin recibí una carta tuya, claro que tan sólo contenía dibujos, aun no debes saber escribir (por eso también calculo tu edad).

Me hiciste recordar aquellos primeros garabatos que con agilidad y poca destreza conjuraba, con lápices de distintos colores que creaban árboles sobre hojas que paradójicamente estaban ahí por la muerte de los mismos. La mayoría de dibujos constan de personajes de animes por lo que veo, ya recuerdo que odiábamos la poca maleabilidad de los “recortables” de figuras de acción por lo que con eso empezamos nuestros quehaceres “artísticos” (y lo pongo en comillas debido al poco éxito que teníamos en esos primeros intentos. No desesperes, con el tiempo mejorarás en algo esos mamarrachos)

En este punto tu memoria ya debe empezar a funcionar con mayor actividad. Trata de explotarla, te aseguro que cada segundo que pases en tu vida te servirá de experiencia para el futuro. Y piensa bastante cuando estés por tomar una decisión, no tendrás muchas, a esa edad pero créeme que es un consejo importante, me tomo bastante tiempo entenderlo y aunque me hace más complicadas las cosas creo que los resultados son los más apropiados.

Esta vez no te estoy contando mucho de mi como habrás notado porque aun me quedan muchas cosas por resolver, ya a la postre te enterarás o vivirás (eso si o si).

Ultimas recomendaciones: Pues nada aun estas casi atado de pies y manos por ser el menor de cuatro hermanos eres el relegado a jugar con los mayores pues te puedes lastimar como dice mamá. Las horas que pasarás en misa serán las más tediosas pero míralo de este lado, son el entrenamiento para soportar los profesores aburridos en la escuela y en la Universidad (se lo se, lastimosamente nos tocaron padres evangelicosapostolicoscatolicoromanos pero bueno que se le hace…

Atte.

S.G. (tu)

viernes, 7 de enero de 2011

Guillermo y el monstruo del armario


De niño Guillermo había escuchado esa leyenda del monstruo que sale por las noches del armario. Y desde la primera vez que la oyó siempre estuvo deseoso de conocerlo, pues el no era un niño normal. A el en, vez de temer, esas cosas le encantaban.
Un caso muy especial fue el día que desapareció desde la mañana y no volvió a su casa pasado el atardecer de la mano de un viejo recolector de basura. Este les conto a sus padres que el niño lo detuvo para preguntarle si el era “el viejo del costal” y pedirle que por favor lo llevara a su casa porque quería conocer el lugar, y como ya había escuchado que un niño estaba preguntando desde la mañana a varios recicladores, le dijo que si el era el personaje en cuestión, lo llevo a su casa para satisfacer su curiosidad luego lo trajo con sus padres. Los padres de Guillermo, que lo habían estado buscando toda la tarde, agradecieron al buen hombre y por enésima vez advirtieron a Guillermo, que debía dejar de hacer esas cosas.
Pero esa no fue la única vez que desapareció.
En el parque de las leyendas, lo anduvieron buscando hasta hallarlo en el corral de los conejos, pues quería cerciorarse de si ahí se encontraba el conejo de pascua o no. Otra vez se llevo a uno de sus amigos para buscar al duende y la olla de oro al final del arco iris, pero como no sabían cual era el inicio ambos irían en direcciones opuestas, claro que esa aventura no duró mucho pues al rato el arco iris desapareció.
Muchas aventuras pasaron en la niñez de Guillermo, mas el misterio del monstruo en el armario nunca lo pudo resolver.
Al pasar los años Guillermo se fue olvidando de sus aventuras y volviéndose “un muchacho de bien para la sociedad”. Estudiaba, empezaba a trabajar y ayudaba con los deberes en casa.
Pero una noche (porque siempre llegan las noches en los cuentos también) alguien lo despertó. Era verde, de cabeza ovalada y su cuerpo estaba lleno de pelos. –Hola le dijo disculpa la demora, yo soy el monstruo de tu armario. No vine antes porque me distraía haciendo otras cosas que los demás decían que eran tonterías pero no me importaba, porque me sentía bien haciéndolas. Peor ya estoy aquí para recuperar el tiempo perdido.
Guillermo se dio cuenta que al igual que el en los primeros años su monstruo sólo quería divertirse y no seguir los pasos que los demás dicen que debes de seguir.
Desde entonces antes de dormir se queda unas horas con el monstruo comiendo algunas galletas y jugando play.

domingo, 12 de septiembre de 2010

carta 2

Para: ti

Hola. ¿Cómo te esta yendo?, espero que mejor que a mi por lo menos. ¿Ya caminas?, ¿ya hablas?, a estas alturas ya deberías tener dos años aproximadamente. Cómo quisiera volver a esos tiempos en que se podía ser feliz con simples cosas y llorar por tonterías que luego olvidabas pues eso que te hacía llorar siempre era pasajero (no como ahora).

La verdad no tengo algo específico que decirte en esta segunda carta. En realidad (y disculpa el egoísmo) esta carta es más para mí que para ti. Necesitaba botar un poco mis ideas, contárselas a alguien que tan sólo escuche y no diga el consabido: "deberías..." Me estoy cansando de todo, me estoy cansando de todos, me estoy cansando de mí; quizá esa sea mi próxima actualización de estado en el face. Disculpa, debo recordar que aun no sabes de coas de internet, pero ya tendrás tiempo para ello, a esa edad te darás cuenta que la vida no es tan fácil como algunos dicen que es, y es más difícil de lo que el resto dice que es.

Lo siento el objetivo de esta secuela de cartas es ayudarte y tratar de que tu vida no se vuelva tan caótica como está planeada y no con el ánimo de asustarte frente a lo que te espera, pero lo estoy haciendo inevitablemente. Seguro me comprenderás cuando te toque y también espero que puedas manejar las cosas mejor que yo en este momento (y si es posible, que puedas cambiar en algo las cosas para tu bien).

Bueno, ya bote parte de lo que necesitaba expulsar. Es hora de irme, pero antes permite que te de unos consejos para la etapa en que estas ahora. Diviértete mucho: pinta, ensúciate, mójate, aprende a caminar de una vez para que luego puedas correr y sentirte por un momento libre. Aprovecha al máximo los primeros cinco años que tienes pues serán los más felices de toda tu vida.

Eso si. No hagas renegar mucho a mamá siempre a estado mal y si le causas muchos problemas se pondrá peor. Y por último no odies a tu hermano mayor, se que en estos momento es súper jodido pero verás que se cambiará para mejor. De papá no tengo que aconsejarte nada, es un gordito bonachón que se la pasa tranquilo, es un buen padre. Lástima que sea ta religioso pero bueno, nadie es perfecto.

Si necesitas saber de alguna cosa no dudes en escribirme o tratar de escribir... o mejor dibujas lo que sucede y yo trataré de interpretarlo para poder ayudarte. Chau.

Atte.

Tu

PD: Si bien mencione que los cinco primeros años serán los más felices de toda tu vida, estoy haciendo referencia a que en esos cinco años la felicidad será prolongada. Debo decir tambien que cambiaría todos los TIEMPOS de felicidad por aquellos INSTANTES de verdadera felicidad.

domingo, 15 de agosto de 2010

eso quedo atrás

El tenía la vista desviada pensando en un millón de cosas. Sus ojos no reflejaban el más mínimo interés por algo en particular. Sus manos estaban sobre la mesa, impávidas; no se podía descifrar algún sentimiento específico en el. Mientras tanto su mente lo sumergía en un sinfín de recuerdos que jamás se le borrarían.

Frente a el, al otro lado de la mesa se encontraba ella. Era todo lo opuesto. Tenía una sonrisa tímida y cándida, sus manos se cerraban apretándose entre sí. Los ojos reflejaban aquella ilusión que el enamorarse se encarga de brindar.


Ella le acaba de pedir que empezaran a salir juntos, -me gustas mucho- le había dicho. Un tiempo como amigos entre risas y juegos habían anidado en ella un sentimiento de amor hacia el.

Él, en el mismo tiempo le había tomado cariño a la chica, la miraba con ternura. Sin embargo, y como ya se dijo, los recuerdos nunca se borraron ni se borrarían.


-Puedo quererte. Podemos salir. Podemos convivir, podemos tener sexo, podemos casarnos inclusive. Puedes conocer a mi familia (padres, hermanos, tíos y a quien quieras que te presente). Puedo conocer a tu familia (padres, hermanos, tíos, sobrinos y a quien quieras que soporte). Inclusive si te tomo el suficiente cariño podemos planear tener un hijo o hija a quien querré con todo mi ser. Todo eso te puedo ofrecer si es que deseas salir con migo. Lo único que tendrás que asimilar es que nunca te voy a amar, eso ya lo hice algún tiempo atrás.

lunes, 9 de agosto de 2010

Carta 1


Hola, me dijeron que pese a que estás ahí dentro en ese estado ya escuchabas y entendías lo que te decían (espero que también alguien tenga la buena fe de leerte esta primera misiva). La verdad no se muy bien por donde empezar así que lo haré por lo más fácil, darte la bienvenida, pues aunque aun no estas totalmente en el mundo, tu presencia ya se empieza a notar.

La razón por la que te escribo están sólo con el animo de ayudarte a prepararte para lo que te espera una vez estés aquí. No quiero asustarte, aunque tendrás que pensar en muchas cosas que te sucederán, otras por el contrario serán momentos de bastante felicidad que te impulsarán a seguir.

Esto es todo por ahora. No quiero incomodarte en estos 2 meses de dulces sueños que aun te quedan por delante antes de salir al mundo. Y bueno, una última cosa. Si tienes la oportunidad y lucidez de apuntar y mear tu partida de nacimiento hazlo. Ten por seguro que tu primer nombre no te gustará.

domingo, 8 de agosto de 2010

ella y el tipo

El aire frío recorría la calle obligando a las parejas que pasaban por el edificio se tomaran de los brazos tratarán de abrigarse con el calor corporal. Todos iban y venían y sólo un tipo se encontraba parado recostado en la pared inmutable a todo lo que sucedía a su alrededor pues sus pensamientos se encontraban fijos en la chica con la cual se iba a encontrar.

Había pasado ya un tiempo después de su último encuentro, el cual recordaba con mucho cariño (como todos los momentos que pasa con ella en realidad). Se le ocurrió comprar algo para comer mientras esperaba y luego se le ocurrió también comprarle algo para que coma ella cuando aparezca. La opción final fueron un par de churros, el primero de los cuales se lo comió en un instante por un repentino apetito que le surgió en el momento, mientras que el otro también estaba empezando a tentarlo. Quizá fue por tener una excusa para comerse el otro churro que, un rato después, recordó el poco gusto por el manjar que tenía la chica y a partir de eso recordó las innumerables situaciones que habían tenido con respecto a ese tema.

Rió por un momento y trato de distraerse con las cosas que veía a su alrededor. veía dibujos, fotos, y diversas imágenes que en realidad no veía, sólo dirigía su visión hacia lugares pero sin fijarse en ellos. Su mente lo llevaba a través de las calles y lugares por los que había estado con ella. Un repentino movimiento lo cogió desprevenido y lo lleno de alegría ala vez. Reconoció en el acto el abrazo cálido de ella y lo primero a lo que atinó fue estirar un poco el cuello y besarle la cabeza.

Ahí estaba. Se veía diferente, tenía una expresión distinta a la de siempre. Quizá sintió algo de mayor madurez. Quizá un crecimiento, sufrido, pero crecimiento al fin. ¿Bien?, estaba algo lejos de estarlo, pero por lo menos la leve sonrisa que soltó hizo que el tipo se sintiera menos preocupado.

Mientras intercambiaban unas pocas palabras, pues ella no tenía mucho tiempo para quedarse, él volvió a encontrarse con su mirada y en ella vio que si, aun estaba ahí, esa chica de ojos brillantes llenos de ilusión. Si, la misma de la que estaba enamorado.

Se despidieron en un instante y la vio alejarse. Pese a sólo haber estado con ella un momento estaba alegre por el hecho de que la vio.... un abrazo, eso fue lo único que le quedo por hacer. Darle un abrazo.

miércoles, 7 de julio de 2010

conversación

-Hola

-Hola

-Te quería preguntar algo

-Dime, ¿qué paso?

-¿Aun me quieres?

-Sabes que si

-...

-¿Qué pasa?

-No se... es que...

-No te preocupes te dije que no te iba a incomodar con el tema. Seremos amigos y todo bien.

-Quiero estar contigo

-...

-Qu... ¿qué pasa?

-Mejor no

-¿Por qué?, si me dijiste que aun te gusto

-Es mejor que no estemos

-Pero, ¿por qué?

-Es que no siento que de verdad me ames.

-Pero si te estoy diciendo que quiero estar contigo, es por que te amo

-Creo que si lo amaras, y ya sabiendo que yo te amo, no tendrías necesidad de decírmelo. Simplemente vendrías a mi y me besarías

-...

-Y si de verdad me amaras, en este momento no calarías. Me besarías

-...

-y sigo esperando que me beses.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Mi abuelito es un florero

Hay mi abuelito, quien lo viera y quien lo vio un galante caballero de la vieja escuela, buen mozo, como diría mi mamama, y “jilerito” como pocos. Un florero de aquellos. Un gran tipo mi abuelito, y trabajador de sol y sombra. Toda su vida la dedicó, hasta que paso su herencia a mi padre y a mí, a la confección de floreros de cerámica de la más alta belleza, y gracias a los cuales se había ganado la admiración en todo el pueblo y las miradas coquetas de las muchachitas de su época no podían faltar pues esos de que sus manos hacían maravillas había salido de contexto. Pues deberán saber que en sus años mozos mi abuelito fue un galanazo y eso nadie se lo puede quitar.
Y si, “fue”, pues la semana pasada dio ya su último suspiro el pobre de mi abuelo, que me decía siempre muchacho debes marcar a cada chica que te guste, mírale a los ojos, ve a ganar, nada de titubeos carajo, eso déjaselos a los maricones de los “pituquitos” que lo tienen todo con su plata pero en cosas de mujeres se orinan, nosotros en cambio sabemos lo que es ganar las cosas con esfuerzo, somos artesanos ¡machos!, como pocos y las mujeres las ganamos, con esfuerzo pero nos las ganamos sino pregúntale a tu abuela, la chola como se me resistía pero yo ahí dale y dale hasta que cayo pues.

Ese abuelo, viviste bastante bien ¿no?, ahora ya puedes descansar en paz en tu vasija de cerámica, ese recipiente que hiciste para que tus cenizas se conserven una vez te hayas ido, odiabas los cementerios.

-Ah no, no, ¡no! A mí a un cementerio no me mandan o vengo por las noches y les jalo las patas van a ver –les decía a mi padre y a mis tíos- un cementerio, ¡va! Luego sacan mi cuerpo para meter en el mismo poso a otro fulano y a mi me botan donde sea, no, no y ¡no!, me queman y mis cenizas aquí mismito.

Y lo que decía mi abuelito se respetaba pues, aún ahora después de muerto.

Pero desde que te fuiste abuelito, las cerámicas ya no me salen tan bien debo confesarte. Y con las muchachas del pueblo ni que decir, todas me ignoran olímpicamente, me faltan tus consejos esos trucos tuyos para seducirlas. ¿Te acuerdas de Mechita?, esa pues la hija del hacendado, la que ya estaba cayendo con el floro que me decías. Pues desde que te fuiste ya no se como acercarme a ella y la muy coqueta ya le esta echando ojos al Pedro Antúnez el de ojitos azules hijito del alcalde, tremendo mariconazo ese…

Hay abuelo ya no se que hacer, por lo menos quiero mejorar mis cerámicos y por eso te llevé al taller como dijo mi mamá: llévate las cenizas del abuelo hijo, para que te inspire en tus trabajos, ya vas a ver.

Te llevé esa misma mañana que mamá me dijo eso, te protegí como lo más sagrado que había, te coloque cerca para que me inspires mientras moldeaba la cerámica y trataba de idear formas para crear una verdadera obra de arte. El cansancio me ganó así que me paré y fui a tomar un vaso de jugo. Al regreso tuve la mala suerte de tropezarme y golpear la mesa donde coloqué el recipiente. Este se volteó y todo su contenido cayó la masa de cerámica que trabajaba.

Las cenizas le dieron un extraño y preciso brillo a la masa de cerámica que en esos momentos, olvidándome de que eras tú quien le daba ese brillo, empecé a moldear para crear al fin una verdadera obra de arte. Y eso fue lo que cree al fin abuelito, un florero bellísimo en tu honor.
Y así, mientras todos piensan que aún te conservas en el recipiente, que ahora tas sólo contiene tierra (y por suerte nadie nunca la abre), contemplan la hermosa brillantes del florero que cree. Yo te conservo como en la inspiración que me diste ese día, y en esa inspiración te rendí el homenaje que te merecías pues decidí conservarte como el eterno “florero” que fuiste.

domingo, 1 de noviembre de 2009

el viejo futbolero (cuando un encuentro ocasiona nada)

El señor “chancalata” es el mecánico del barrio y vive a cuadra y media de la casa de Raúl. Es un viejito borrachín de base cinco aproximadamente, que cada vez que se encuentra con sus amigos o clientes les invita ha echarse unas cervecitas y estos, ni cortos ni perezosos no dudan en sacar los billetes con los que iniciarán la borrachera y en la cual nuestro querido viejito “chancalata” gastará todas sus ganancias de la semana y tendrá que volver a juntar dinero el día siguiente para poder comer.

Pero no nos olvidemos de Raúl. Pues el no es nadie en especial. Un joven de 17 años que estudia para ingresar a la universidad y ser un gran abogado como su padre. –¿O quieres terminar como ese viejito que pasa por la cuadra medio borrachín?- Es la pregunta que le hace su madre cada vez que en el almuerzo familiar alguien saca el tema de “los estudios de Raulito”. A el no le importa mucho la verdad, tan sólo quiere vivir una vida tranquila, sin preocupaciones.

Una mañana de domingo en la cual Raúl llega a la bodega a comprar los respectivos panes y embutidos que saciarán el voraz apetito de su gordo y calvo padre, el pequeño estomago de su madre y los cuales ignorará su hermana por estar a régimen; en esa misma mañana, en ese mismo lugar y en ese mismo instante, mientras en la radio se escuchan los resultados de los partidos de futbol del día anterior –acompañados de los respectivos comentarios de ese periodista que aún no se hace a la idea que el Perú hace mucho dejó de ser un país medianamente importante en el ambiente futbolero- en ese preciso momento hace su aparición nuestro amigo “chancalata” y pidió –“200 gramos de maíz partido por favor, que mis pollos tienen que engordar”.

Ambos cruzaron un saludo algo disforzado y el señor “chancalata”, destilando un olor embriagante a su alrededor, dijo:

-Hay el futbol de ahora, ¿cuánta plata se llevan esos mocosos no?, con eso ya se tienen asegurada la vida carajo!

-Si pues, sería una buena vida esa, así se podría vivir tranquilo- añadió de manera casi instantánea Raúl.

-Si yo hubiese tenido mejor suerte muchacho, ¿tú crees que estaría ahora aquí? –Añadió- pues ¡no! Yo estaría en una casa bonita con mi mujer y ocho hijos. Viviendo bien de todo lo ganado como futbolista. Pues debes saber que yo de joven fui un gran futbolista. Aquí chato y todo flaco como me ves, pucha diablo, yo era el terror entre las defensas de los equipos del de las divisiones menores en mi Chincha natal. Y es más, yo jugué para el equipo de Ica y íbamos con fuerza para luchar la copa Perú, pero nada pues, mi familia se vino a la capital y yo aún atados a ellos tuve que viajar también. Ya a partir de eso ya no tuve más oportunidades de jugar y termine como me vez.

-Y ¿no regreso a su ciudad natal para juntarse con sus antiguos amigos de peloteo? –Pregunto Raúl algo interesado en el relato del curioso personaje con quien erala primera vez que cruzaba más palabras que simplemente “hola” o “buenos días”.

-¡Me llamaron! –Respondió orgulloso- quisieron hacerme un homenaje y todo por lo bueno que fui y todas las alegrías que les di con mis goles a esas personas en aquellos tiempos, pero si iba ¿quién se encargaba de mi negocio?, no pues. Ya a estas alturas de la vida a alguien como yo ya no le queda tiempo para vivir y sólo le queda sobrevivir.

-Bueno maestro, un gusto haberlo escuchado, ya me debo ir con las cosas para el desayuno de mi familia.

Raúl dejó al viejo “chancalata” ahí en la bodega, probablemente aún pensando en sus años de gloria. Mientras se dirigía a su casa pensaba en que sería bonito hacer algo por ese buen hombre como traer el homenaje a Lima con toda su gente.

Pero sabía que hacer eso era imposible para el así que saco un trozo de pan de l bolsa se lo metió a la boca y bostezó pensando en los libros que aún le quedaban por leer.

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Cómo quieres que te cuente?

Bueno como se habrán dado cuenta por estos días no eh posteado ningun cuento nuevo. Esto debido a la falta de tiempo a causa de los trabajos de la Univ. pero ya que ahí tambien tengo proyectos pense en aprovecharlos para colgarlos en el videoblog que manejo con unos amigos (Extravaganzia Producciones) y este humilde blog de cuentos. Si quieren ver más videos medio graciosones clicen el link pues.

Y antes del video una advertencia:

A la audiencia pública fiel del blog:

Extravaganzia Producciones no se responsabiliza por las expresiones que se puedan expresar en el espectador luego de terminado de ver el video. Los aproximadamente diez minnutos siguientes (de los cuales consta el video) van a cuenta del propio espectador y la productora no se responsabiliza por la perdida de tiempo generada.

Al parecer hay problemas con el video pero lo pueden ver en los links indicados. Disculpas por los inconvennientes.

martes, 11 de agosto de 2009

la Chata :)

Desde la mañana todo empezaba a pintar un día negativo, y no sólo el cielo plomo de la lima invernal, que lastimosamente uno ya se acostumbra a ello, sino por la energía y mala vibra que se sentía en el ambiente.

Esperamos por un largo rato la sentencia a modo de venganza de uno de los profesores más odiosos que hemos tenido, pero no me extenderé más en mencionarlo (por lo menos por ahora). El resultado miles de mis compañeros desanimados por reprobar el curso, y yo, pese a haber aprobado (aunque con lo mínimo) estaba influenciado por el ambiente generalizado. Idas y venidas, documentos por aquí y por allá para darle una solución próxima para reabrir el curso y no se retrasen con los cursos.

En fin, terminé con tres amigos sentados en un remodelado bar compañero de antiguas aventuras, y mientras la conversación se iba concentrando en las lamentables notas calificadas con mucho odio por el gordito mencionado líneas anteriores, yo me iba apartando mentalmente recordando a una personita muy especial que en este año apareció en mi vida. Si bien nunca eh tenido la iniciativa de acercármele y hablarle siempre me ah gustado apreciarla ver su belleza y esa luz que transmite (si soy sumamente superficial, por lo menos a primera vista) y más de una vez, miradas tímidas hemos cruzado.
Mientras el alcohol poco a poco se apoderaba de mí y me iba sumergiendo en mis pensamientos decidí que era momento de partir.

Mientras recorría las calles del Jr. Cañete y me acercaba a la Av. Colmena, pese a mi miopía, mis ojos parecen percatarse de la imagen de la chica de mis pensamientos. Ella esta conversando con unas amigas en la esquina del frente y yo, con mi pequeña borrachera a cuestas me debato entre el acercármele o no, y esta vez mis dudas no sólo se basan en la timidez que ella, siento, que tiene o al “roche” que yo pueda sentir, sino a mi presentación en las condiciones en que me encontraba. Con un rápido repaso entre mis pensamientos y sacando una decisión a la volada decido tomar un suspiro de valor y doy mis primeros pasos, pasos que se convierten en los únicos que daré esa tarde.

Un chillido del freno de una combi hace que todos los curiosos giren hacia el lugar de donde proviene el ruido. Mientras me quejo del dolor y el policía de la cuadra empieza una discusión con el chofer y mientras veo algo de sangre en mi pierna izquierda que en ese momento no puedo mover. Mientras giro la cabeza en busca de alguien familiar que pueda darme una mano mi mirada se vuelve a cruzar con la pequeña personita especial que mira la escena, en la que estoy involucrada, entre una expresión de preocupación e inquietud.

En ese momento comprendo sus intenciones de acercárseme y decirme algo o en la medida de lo posible de ayudarme. Sin embargo la indecisión es comprensible, no nos conocemos, nunca hemos hablado y apenas hemos cruzado tímidas miradas. Con un ademán le trato de indicar que se vaya, que todo estará bien. Ella sonríe con timidez y se mantiene de pie en el mismo lugar mientras unos trabajadores del centro de salud de la universidad me están ayudando a levantarme y me conducen al lugar donde me curarán.

Con un último giro de cabeza sonrío le sonrío a ella y ella me devuelve la sonrisa y parte también.

domingo, 28 de junio de 2009

rumbo al cielo

Mi nombre es Alberto Gutiérrez tengo 40 años, llevo una vida dedicada al arte viajando y conociendo gente. No soy muy agraciado que digamos y sin embargo me obsesionan las mujeres bellas. Esta es crónica:

Aeropuerto Jorge Chávez, 2:35 am. Por problemas de clima tengo que esperar una hora más la partida de mi vuelo. Sin embargo una imagen llama mi atención. Una mujer hermosa, probablemente de 20 a 22 años, se siente a mi costado.

Lo eh decidido. Nueva misión: conquista a la chica.

Yo: Bonita noche para viajar (la miro y le sonrío).

Ella: ¿Ah? (me mira un poco sorprendida). No, yo estoy de vuelta, sólo espero a que encuentren mi maleta perdida. Creo que romper el espejo me trajo mala suerte, jeje (gesto de ironía).

Yo: Ja, ¿es supersticiosa?
(…me debe estar bromeando)

Ella: Sólo un poco. Cuando las cosas me salen mal (suspiro de resignación).

Yo: Ja, que graciosa. Y ¿a dónde viajó?

Ella: Argentina. Terminaron mis vacaciones lastimosamente (otro suspiro de resignación).

Yo: Disculpe, creo que le acabo de generar, doblemente, resignación. Pero Argentina es un lugar mágico. Buenos teatros y puedes conseguir buenos libros donde sea.

Ella: Si es verdad, la pasé muy bien (sonríe al fin). ¿Ud. Viaja mucho?

Yo: Vaya hasta que por fin la hago sonreír, je. Si, por trabajo. Para dar conferencias de arte y cosas así.

Ella: ¿A qué se dedica?

Yo: Soy curador.

Ella: Oh ya veo. No se exactamente lo que es pero creo que es una especie de crítico ¿verdad?

Yo: No exactamente, pero en cierto modo tiene alguna relación.

Ella: Debe ser interesante y apasionante tener tantas obras al alcance de la vista.

Yo: Sí, es un total lujo. Justo ahora debo viajar a París para una exposición.

Ella: Vaya, París. La única vez que fui me pareció una hermosa ciudad. Me encantaría volver.

Yo: Pues la verdad a mí también me genera mucha emoción volver a París. Sin embargo (le miro a los ojos) debo confesarle que desde que la vi encontré un motivo por el cual dejar el vuelo.

Ella: Esta diciendo que dejaría a París por mí (se sorprende ante mis palabras).

Yo: Dejaría eso y más tan sólo por saber a que sabes.

Ella: Es usted un atrevido… (Me mira con reprensión) un interesante atrevido (sonríe coqueta)

Yo: Ja, por un momento me asusto. Eso quiere decir que ¿acepta mi invitación? (pregunto con algunas dudas aún)

Ella: Bueno, si usted puede dejar París por mí. No veo porque yo no puedo dejar mi maleta por unos días. Ya volveré otro día. ¿Nos vamos?

Yo: Encantado.

Último reporte. Nueve y cuarentaisiete de la mañana. Misión cumplida.

PD: Como no tenía nada que escribir esta tarea del curso de guiones me cayó a pelo jeje xD

domingo, 7 de junio de 2009

Criticólogos

Extensión de una historia que se me ocurrió para mi curso de "Guiones y Libretos"...

Alfredo y Ernesto, críticos de cine de respetadísimas revistas, salían de la función de las nueve de la noche y se dirigían al restaurante más cercano para intercambiar sus ideas y pareceres con respecto a la denominada película más esperada del año. Ocuparon una mesa cercana a las ventanas que daban a la calle pues a ambos les gustaba mirar las actitudes de las personas que andaban por las calles. Pidieron un par de gaseosas y algunos piqueos. Sacaron ambos un cuadernillo y empezaron a escribir. Al soltar el último el lapicero empezaron a intercambiar opiniones e ideas de lo que les había parecido la película en cuestión. Si bien ambos coincidían en que era una muy buena película no dejaban de buscarle pequeñas fallas que para ellos eran fatales, que un flim que se perfila para el Oscar no se puede dar el lujo de pasar por alto. Básicamente los aspectos en os que hacían mayor hincapié eran en los aspectos técnicos, por el lado de Alfredo quien decía:

-El uso de las luces pudo haber sido mejor. Si te fijas bien el contraste no ayudaba a la carga emocional de la que estaba cargada la escena. Como a un director de tamaña trayectoria pudo escapársele algo así.

Ernesto por su parte no dejaba de mencionar el desenvolvimiento de los actores que, si bien reconocía que habían hecho un buen trabajo, decía:

-A estas alturas de su carrera eso no basta. Un soberbio trabajo, eso es lo que deben hacer en cada una de sus interpretaciones.

Entretanto que seguían en su conversación, un grupo de muchachos entraban al mismo local entre risas y comentarios emocionados. Hablaban coincidentemente de la misma película que en ese momento los críticos empezaban a “golpear”. Se sentaron en una mesa contigua a Ernesto y Alfredo y continuaron su emocionada apreciación de la película.

Ambos críticos los habían visto en la misma función en la que habían visto la película, y callaron intencionalmente para escuchar a los jóvenes hablar y, a modo de burla, reír de lo que los vecinos de mesa comentaban.

-¡Ja! Estos chicos no saben nada de cine. Les pones un par de actores famosos y ya creen que dicha película es lo mejor.


-Si pues, no se ponen a analizar los criterios que hacen bueno a un flim. Seguro que ni siquiera se dieron cuenta que a mitad de la película hubo un descuadre de la imagen en unos centímetros y seguro volverán al mismo cine. Lo que es yo, nuca más. En un buen cine jamás debe haber esas fallas técnicas.

-Bueno ahora que lo mencionas si ¿no?, no me había percatado de eso hasta que lo mencionaste. Creo que estoy un poco como los muchachos estos.

-Si, recuerdas esos tiempos. No nos importaba nada y tan sólo nos sentábamos y reíamos o nos emocionábamos. Tan sólo nos dejábamos llevar por la historia que se contaba.

-Yo ya no recuerdo cual fue la última película que vi de ese modo, sin preocuparme por lo que debía escribir el siguiente día para el diario.

-Ahora que hablamos de eso creo que extraño esos días la verdad.

Ambos quedaron en silencio bebiendo sus gaseosas y mirando sus respectivos blocks de apuntes. Tomaron entonces sus lapiceros y empezaron a escribir.

domingo, 24 de mayo de 2009

Todo vuelve ha empezar

Las semanas posteriores al reencuentro se convirtieron en días entretenidos. La pasábamos de broma en broma pero con una incomodidad interna que ambos sentíamos pero evitábamos demostrar. Aún mantenía un cariño mucho más que amical por ella, lo que ella sentía por mi eso sólo ella lo sabe. Conversábamos, nos jodíamos, coqueteábamos incluso, ella porque es así, no le puedo increpar nada. Y yo, a sabiendas que eso me hacia sentir peor, idiota total, me mantenía ahí.

Por suerte la universidad no se circunscribe a mi salón. En los corredores siempre se encuentran con personas que de un momento a otro pueden cambiar tus emociones y hacer renacer cosas, olvidadas quizá. Una de las tardes, en los corredores de la facultad, cuando me quede haciendo un trabajo conocí a Fernanda. Ya nos habíamos visto anteriormente, pero nunca intercambiamos palabra alguna. Sin embargo ahora la encontraba a ella sola puesto que había llegado tarde a una de sus clases y el profesor no la había dejado entrar. Mi atracción hacia ella y mi extraña caballerosidad (que me hace no dejar a una chica sola, salvo raras excepciones) me dieron las excusas perfectas para acercármele e iniciar, lo que yo pensaba seria una breve charla.

La “pequeña charla” se extendió casi por una hora en la que aproveche para conocerla lo más que podía. Hablábamos acerca de ella, acerca de mí, nos reíamos de algunos profesores que odiábamos y reíamos de algunas bromas totas que, a veces, me suelen ocurrir. La conversación hubiese continuado si su maldito profesor no hubiese salido para por fin dignarse a dejarla pasar. Se despidió a la volada sin antes estamparme un cariñoso beso en la mejilla que me hizo adorarla aun más.

Desde entonces, y aunque por tan sólo breves momentos, siempre intercambiábamos sonrisas y miradas. Esa mirada que me hacía sonrojar y, curiosamente, hacía incomodar a Gabriela cuando se encontraba presente en estas escenas. Si bien continuaba siendo la misma, adorable, fría y calculadora como siempre, la reacción que tubo ante esto fue inesperada para mi sorpresa, quizá esto no lo esperaba (o por lo menos no tan pronto). La coquetería paso a transformarse en seriedad y fastidio en mi contra. Incluso se molestaba conmigo sin razón alguna.

De esto tuvimos que hablar y lo hicimos. Una charla que terminó en besos apasionados pero paradójicamente vacios. Concluimos en que era mejor alejarnos emocionalmente por un tiempo. Los trabajos los haríamos tratando de evitarnos, y cualquier otra cosa que nos juntara la superaríamos evitando a toda costa romper nuestra promesa. Sin embargo en cada encuentro a solas terminábamos quebrantando nuestros propios acuerdos. Caricias y besos sin sentidos manejaban como marionetas cada uno de nuestros movimientos y yo, pese a vera Gabriela frente a mis ojos no podía dejar de pensar en Fernanda. Desde esa primera larga conversación sólo había tenido la oportunidad de cruzar palabras dos veces más y cada una con una cantidad de tiempo menor que la anterior. El tiempo era mi peor enemigo para poder acercármele. Casi nunca coincidíamos en nada y tan sólo atinaba a admirarla de lejos como un ser celestial que a cada paso dejaba un polvo celestial a su alrededor.
Su rostro, sus labios, su mirada. No podía sacarla de mi mente. Me había enamorado. Otra vez…
Continuará...

domingo, 3 de mayo de 2009

reencuentro...

Habían pasado poco más de un mes de ese último catorce que la vi. Desde ese día no nos volvimos a cruzar, quizá por casualidad o simplemente por que en el fondo evitamos cualquier posible encuentro, tontamente por cierto, pues era tan sólo cuestión de tiempo para que nos volviéramos a ver.

De ella sólo sabia de lo que me contaban nuestros amigos en común. Que como estaba por los días en que acabábamos de terminar, que si salía con algún chico, pero sobre todo me interesaba saber lo que decía cuando le preguntaban del porqué terminó nuestra relación. La respuesta más fácil fue la de “mutuo acuerdo” y desviaba el tema. Pero hubo alguien que si supo la verdad. Miriam, su mejor amiga, me encaró luego de que Gabriela le contara lo que ocurrió el día de la separación: ¿Cómo es posible que le hayas hecho eso?, yo pensaba que eras un caballero, etc. Tuve que explicarle mi intención de no venganza, sino, por el contrario, mi deseo de que nuestra separación se ah recordado también como un momento en que disfrutemos los dos. Por suerte, luego me enteré que Gabriela si lo había entendido así.

Pasó poco más de mes y medio y las clases universitarias volvieron a empezar. Hoy sería nuestro primer encuentro después de tiempo y, como para alargar nuestro primer cruce de palabras, opte por ir temprano (recordando que la puntualidad no era una de sus virtudes) para así no convertir a Gabriela en las primeras personas en ver. Ella pensó lo mismo quizá o fue una tremenda coincidencia del destino, el hecho es que al iniciar las escaleras que me llevaban al tercer piso me la encontré, ahí, tan linda como siempre. Nos miramos por un momento sin articular palabra. Ella fue la que inició la conversación, “hola, ¿cómo haz estado?”, me dijo. Yo le respondí algún balbuceo que en sonó coherente y le devolví la pregunta. Seguimos conversando todos los escalones que llevaban al tercer piso (deben saber que en nuestra universidad, nacional, el único ascensor que existe es un proyecto a escala que ni siquiera funciona como debiera).

Todos comentaron un posible reintento de relación pues sin inconscientemente terminamos sentándonos uno detrás del otro. Ella me contaba sus cosas, yo les hacía bromas de lo que oía y también le contaba lo que había hecho desde nuestro alejamiento. Todo volvió a ser como antes, como en el año pasado en que nos conocimos. No, todo no. Sin duda que en el fondo algo, aunque fuera mínimamente, había cambiado. Cada vez que los demás nos miraban sentíamos algo raro, sentíamos que estábamos haciendo algo indebido y empezábamos a disimular. Todo el día nos pasamos en ese plan. En los cambios de curso nos pasábamos desmintiendo rumores de una reconciliación y los más jodidos nos encaraban y decían: “ya pues, déjense de webadas, digan la verdad”.

La verdad era esa, de alguna rara forma habíamos retomado la amistad perdida entre la relación y, por suerte, recuperada mágicamente en nuestro primer día juntos luego de.

Nos despedimos y un alivio tremendo me invadió, no por el hecho de que por fin paso el reencuentro, sino porque terminó de la forma más linda que me haya imaginado. La vi alejarse con Roberto, un nuevo “incauto” que cayo y que le paga todo según me contó.
(continuará...)

viernes, 24 de abril de 2009

rueda monedita

Eran las siete y treinta de la mañana del jueves 23 de abril y Ricardo acababa de levantarse y empezaba a prepararse para ir a clases en la universidad San Marcos. Se duchó, se cambió, tomo su desayuno y, tomando el sencillo que todas las mañanas le deja su padre en la mesa se fue. Pero esta vez una moneda de cincuenta céntimos quedó olvidada en la mesa. La madre de Ricardo vio la moneda olvidada y la agrego en su monedero y partió para comprar las cosas del día al mercado ubicado a unas cuadras de la casa. ¿Cuánto están las zanahorias?, preguntaba. Un sol el kilo, le respondían. ¿Cuánto el tomate?, ahora. Ochenta céntimos para ti caserita. Cincuenta céntimos de zanahoria también por favor. Ahí tiene seño, si tuviera sencillo por favor. Claro aquí tengo cincuenta céntimos. La señora Hortensia guardó la moneda en el mandil y continuó atendiendo.

La señora Hortensia era una Ancashina que venía semanal mente a la capital con nuevos productos que ofrecía a toda su clientela. Pero, como pocas señoras de la sierra, tan sólo tenía un hijo (la mayoría suele tener de cuatro para arriba por lo que eh visto). Este era Julio, muy travieso. Jugaba con las papas desde que vio a unos malabaristas callejeros. Una vez que se cansaba de lanzar las papas al aire se ponía a jugar futbol con la más grande que encontrara. Y, luego del deporte llega el hambre. Era cuando se ponía a masticar lo que encontrara, pero esta manía se le quito cuando, una vez, mordió una cebolla. Desde entonces siempre le pedía a su mamá una moneda (o se la sacar del mandil mientras ella atendía) para comprar alguna golosina.
Curiosamente ese día, al pequeño Julio, le volvió la manía de introducir cosas a la boca. Sacó una moneda del mandil de su madre y se la tragó. Un ataque de tos le produjo inmediatamente el tragarse la moneda y su madre, al verlo así, llamó una moto taxi que andaba cerca, lo introdujo en el y lo llevó a la posta más cercana. Mientras iban en el transporte le iba golpeando la espalda con la esperanza que la moneda fuera expulsada, y, sí, la moneda saltó de la boca del niño y fue a dar a la pista por uno de los innumerables espacios que tiene la moto taxi.

Eran las seis de la tarde y Augusto salía del colegio con un grupo de compañeros y se dirigían a la cancha de fulbito para el acostumbrado partido de fulbito de los jueves. La cancha de fulbito se encontraba a unas cinco cuadras del mercado del barrio y a una de la posta, fue por esa zona donde Augusto, al agachar la cabeza vio una moneda de cincuenta céntimos cubierta de polvo. Augusto la recogió y guardo para apostarla en el partido. Jugaron tres rondas (una para desempatar) y Augusto salió mal herido del último encuentro al recibir una barrida de Oscar y quien, a la postre, se llevaría los cincuenta céntimos de Augusto, pues su equipo ganaría.

Oscar volvió a su casa pero antes de llegar optó por tomarse una gaseosa para calmar la sed que le había generado tan disputado encuentro de fulbito. La opción fue la bodega de doña Lucha. Doña Lucha era la más querida bodeguera de la cuadra, no sólo por su amabilidad, si no por lo rápido que atendía pese a su avanzada edad. Tenía la costumbre de conversar un poco con la clientela que venía a consumir algo ahí, sean niños, jóvenes y adultos, siempre encontraba algún tema de conversación. Doña Lucha recibió los cincuenta céntimos y los guardó en la cajita donde iban las monedas. Conversó un rato con el muchacho hasta que vio a Ricardo caminando en la vereda de enfrente.

¡Ricardo, muchacho!, grito. Ten los cincuenta céntimos que le debo a tu mami, dile que gracias.

Hay seño, me los quedaré nomas. En la mañana me olvide de cincuenta céntimos en la mesa de mi casa y por culta de eso tuve que venir caminando las nueve cuadras que me separan de la avenida, casi me roban por ahí…

Y Ricardo continuó hablando con doña Lucha por un rato más.

viernes, 17 de abril de 2009

el que escucha pero no siente

Sebastián es un chico tranquilo, bastante flojo pero sin llegar a ser un holgazán. En sus dos décadas de vida ha conocido a muchas personas, ha aprendido a reconocer emociones, saber cuando decir algo y cuando callar es, quizá, su mejor cualidad. Por su amabilidad y su saber callar los secretos, sus oídos se volvieron en contenedor de numerosas historias, problemas familiares pero sobre todo problemas del amor. Amigos y amigas han acudido a el para desahogarse y tratar de quitarse un poco de todo el peso que llevan, quizá esperando una respuesta a sus dudas o un consejo para solucionar sus trivialidades, pero ¿cómo esperar consejo sobre el amor de alguien que nunca se ha enamorado?

Las primeras noticias del “amor” le llegaron a los once años, cuando cursaba los últimos años de educación primaria. De hecho desde antes había sentido algo diferente a la amistad hacia alguna que otra amiga de colegio. Desde muy temprana edad había aprendido a admirar la belleza femenina, si mal no recuerdo fueron los ojos de una pequeña dama, Gabriela era su nombre. Esta niña, que había conocido desde los inicios de su etapa escolar, y con quien compartiría los primeros cuatro años de colegio despertó en el sus primeras inquietudes amorosas. La relación con esta infanta quedaría tan sólo en amistad, pues a hasta esa corta edad no alcanzó a obtener el valor para animarse a algo más. Para el quinto año de primaria, por cuestiones académicas, paría de la sección “C” hacia la “D” donde conocería nuevas amigas y un nuevo gusto nacería también. Pero esta vez fue poco menos que un gusto, una atracción rara, indefinible, primera atracción meramente sexual quizá. Pero enamoramiento imposible llamarlo. El último año, como comentaba en esta párrafo conocería, aunque en forma de espectador, la relación de pareja. Dos amigos (ni tanto) se habían convertido en los primeros en pasar la línea de la amistad, claro que al pronto tiempo su experimento-ilusión se acabaría. Así terminaría la educación primaria y llegaría la secundaria.

Desde Gabriela no había esa emoción, esa atracción hacia las chicas, pero con el primer año de secundaría esa emoción sería sobrepasada y por mucho. Kemana, una niña linda, una barbie con quien me encontraría en su nuevo salón. La amistad con ella nació rápido y poco a poco nos compenetramos, el coqueteo en el empezó aquí, y no solo con ella, otras niñas también habían captado su interés, pero no estaba lo suficientemente convencido para empezar nada con alguien. Fueron los últimos años de ese grado escolar cuando por fin supo que Kemana podría volverse en mi primera “señorita enamorada”. Lastimosamente, al año siguiente, Kemana abandonó el colegio pues su familia viajaba a EEUU y nunca más la volvió a ver.

Dos, tres años pasarían y algo curioso ocurriría con Sebastián. Empezaba ha crecer en el una especie de rechazo hacia las relaciones de pareja. Veía como uno a uno, amigos y amigas caían (o eran arrastradas) hacia esta “moda”. Veía también como muchos empezaban renegar de esto. Vio, incluso, muchas lágrimas rodar, “es por amor” oía decir, en mayor parte a amigas suyas. ¿Amor?, ¿de verdad creían que esos juegos de púberes rebeldes, y apenas con una pisca de lucidez que aun esta en nacimiento, representaban el amor? Por su parte, Sebastián, no había sentido una atracción tan fuerte desde Kemana y los últimos años había pasado por algunos gustos que no pasaban de eso. Ya sus labios habían conocido el dulce néctar de una hembra, pero sin la pasión que quisiera experimentar. Los últimos dos años de etapa escolar un nuevo gusto nacería pero, una vez más, sin concretar nada. Los inconvenientes: la presión que sentía de sus compañeros por su falta de amante y, lo que más pesaba en su decisión de no concretar nada, el pronto viaje de la chica.

Había conversado con Luciana muchas veces. Se habían vuelto muy amigos, y en una de estas pláticas ella le contó que partiría del país apenas acabe el colegio y esto lo había desanimado del completo. No le llamaba para nada la atención de la despedida novelesca en la cual se veía involucrado si es que daba el paso. Optó por continuar esa relación de amistad y no más pese a que ya muchos de sus amigos y amigas le habían asegurado que ella también sentía un gusto por Sebastián. Sin embrago ambos continuaron cada uno con su propia historia. Ella empezaría una relación con un chico de la clase iniciando, así, su propio juego de dos. Como ya era costumbre con otras parejas, Sebastián contempló en esta nuevas discusiones y líos, ante los cuales el se hacía de la vista gorda y sólo fungía de confidente de Luciana cuando ella se sentía mal, puesto que, pese a que ambos aún sentían un gusto mutuo, dejaban esto de lado y mantenían su amistad. Nunca ocurrió nada entre ellos. La relación de Luciana terminó y ella partió a EEUU también.

Sebastián veía a muchos otras parejas. Nuevas historias llegaban a sus oídos. Y nada lo hacía entender lo que significaba el amor realmente, ¿o es qué acaso todo eso también involucraba el amor?, ¿conocería alguna vez otro tipo de amor?, ¿sería su primer amor también como lo que ha visto siempre?

De lo vivido en la universidad Sebastián por ahora prefiere callar, pero, en otra oportunidad, quizá lo narrará.

viernes, 10 de abril de 2009

mi pequeño hombrecito

Abría los ojos y la tenue luz de la mañana de otoño se colaba por los pequeños espacios que dejaban descubiertas mis ya gastadas cortinas. Veía la hermosa sonrisa de mamá quien me samaqueaba delicadamente para que me despertara y pudiera salir a tiempo para llegar temprano al “nido”. Mi peinado con raya al costado y mi mandil azul de cuadritos me hacían sentir el más idiota del mundo pese a que, antes de partir, mamá decía que era el hombrecito más lindo del mundo. Caminábamos las dos cuadras que separaban mi casa del local del “nido” y cuando llegábamos veíamos como numerosas madres entraban y salían por la puerta principal. Mamá siempre me dejaba a unos metros de la entrada para evitar recibir los reclamos de la directora por alguna travesura que haya cometido el día anterior. Me daba un beso en la frente y esperaba hasta verme entrar. Mi maestra era encantadora. Siempre nos recibía con una sonrisa y nos entregaba algunos dulces antes de empezar la clase.

Pero dentro de mi mágico mundo infantil, también había espacio para cosas de mayores. Ahí, dentro del salón se encontraba la niña más bonita que jamás había visto, la niña de cabellos ondulados con lazo blanco y de mejillas rosadas, siempre que la profesora le hacía una pregunta mis ojos se dirigían al asiento que se encontraba diagonal a mi, donde se encontraba ella . La oía responder y la veía tomar asiento feliz porque la profesora había aprobado su respuesta con un: “muy bien”. Todos los días era lo mismo. Yo la contemplaba cautivado pero mi timidez no me permitía acercármele y en desfogue de esto cometía numerosas travesuras por las cuales mamá no me acompañaba a la puerta a la hora de entrada y me esperaba en una tienda, a media cuadra del “nido” en la salida. Mamá siempre fue atenta a todas las cosas en que pensaba (preocupantes o que me ponían feliz) pero esta era una excepción. Ni pensaba que su pequeño hombrecito ya estaba jugando con los temas del amor, pero una tarde, en la salida, una tarde que mamá no se encontraba en la tienda si no que estaba conversando con una amiga, se percató de mi desvío de mirada hacia el lugar por donde se alejaban la niña de cabellos ondulados y su madre. Mamá comprendió en el acto lo que pasaba y al día siguiente, antes de que partiera hacia la entrada, sacó de su bolso una cajita de plástico que en el interior tenía una flor. La introdujo en mi mochila y dijo: “se la darás cuando estén en el recreo. No le digas nada tan sólo dásela y espera”. Las indicaciones de mamá eran específicas y esto me había dado algo de valor pues siempre que hacía lo que me decía mamá las cosas salían bien. Claro que hasta ahora esto no había sido puesto a prueba en los temas amorosos. Pero bueno ya estaba decidido, espere paciente el recreo y cuando llegó espere un poco hasta que estuviera sola. Saqué la cajita de mi mochila y me dirigí hacia ella. Las manos me sudaban y el cuello del maldito mandil me apretaba más que nunca y me sentía más idiota aun con mí, aun más odioso, peinado de raya al costado. Me detuve frente a ella y le extendí la cajita. –Esto es para ti- le dije. Ella tomo la cajita y sacó del interior la flor que mamá había colocado cuidadosamente. Me sonrió y me beso la mejilla. Un “gracias” se escapo de entre sus labios y partió hacia otro lugar. Yo me quede parado un momento en el mismo sitio algo sonrojado pero reventando de felicidad. Luego de esto, empezábamos a intercambiarnos palabras y cada vez que ella me sonreía me sentía en el cielo. Meses después acabo la etapa del “nido” y ambos fuimos a colegios diferentes razón por la cual no la volví a ver.

Pero aun hay algo que también debo recordar de esa época de mi vida. Ese año hubo, también, otra niña en mi vida. Esta se ubicaba tres asientos detrás de mi linda niña y un asiento detrás de mí en diagonal. Era una niña regordeta de gafas redondas, como las de aquel músico británico que murió a manos de un fan en la puerta de su cuarto de hotel (perdón, por un momento vino a mi la melomanía interna). En los recreos siempre se iba hacia un rincón para comer lo que su madre le había enviado de lonchera. Era algo rara, hablaba con nadie y casi nunca participaba de los juegos a menos que la profesora, prácticamente, la obligara. Mi concepto de ella hubiese terminado ahí si es que no se me hubiese acercado un día a decirme: “te quiero”. Estas palabras me dejaron con un “y ahora ¿Qué hago?” en la cabeza. La piel se me había puesto como la de gallina, la niña era una cabeza más grande que yo y su cuerpo me doblaba en tamaño, una bofetada me hubiese tumbado al piso. Sin embargo, con toda la crueldad que, inconscientemente, puede tener un niño de cinco años, tres palabras salieron de mi boca en ese momento. “Tu eres fea”- dije, y me fui corriendo temiendo que la niña me tome de la mano y me golpe. Luego de ese incidente empecé a seguirla con la mirada, temiendo alguna represalia de su parte pero nada, continuó siendo la misma chica solitaria de siempre: de gafas, callada y regordeta. Cada cierto tiempo me pregunto: “que me hubiese aconsejado mamá en este caso”. Y siempre me respondo: “seguramente me hubiese dado una tremenda paliza por lo que dije”.

Sin embargo mamá ya no esta con migo y ahora yo, que ya se cosas de la vida como el romper un corazón y que correspondan al mío. Ya soy todo un hombrecito de siete años que esta listo para aventurarme en la vida, ¿verdad papá?

-Si hijo, tu madre seguro estará muy orgullosa de ti.
 


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